Aunque han pasado diez días desde el “Encuentro Diocesano” de la Diócesis de San Pedro Sula, aún resuena en mis oídos las palabras de su lema “Discípulos misioneros en comunión”; aún perduran las imágenes de la Eucaristía, Cuerpo de Cristo, celebrada, expuesta y llevada en procesión, como luz de comunión en la noche de divisiones y violencias; aún emergen los rostros de las personas provenientes de las diversas parroquias.
El conjunto del encuentro en sí mismo fue ya una enseñanza: una experiencia y una escuela de comunión. Y una enseñanza muy pedagógica ya que entraba por los ojos, por los oídos, por el contacto, por el corazón. Con el deseo de profundizar esta enseñanza quiero compartir con los lectores de estas páginas algunas reflexiones sobre la comunión de los discípulos misioneros.