Posted by: Mons. Garachana | October 4, 2008

Comunidades eclesiales de base, lugar de comunión y de misión

Con motivo del “encuentro diocesano”,  escribí el martes sobre la espiritualidad y los organismos de comunión en la diócesis y parroquias. Hoy prolongo mi reflexión sobre comunión de vida en las pequeñas comunidades eclesiales de base. Y lo hago a la luz de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano celebrada  en Aparecida (Brasil).

El documento de Aparecida afirma rotundamente que “la  vocación al discipulado misionero es con-vocación a la comunión en su Iglesia. No hay discipulado sin comunión” (DA 156). Esta es la eclesiología que emerge esplendorosa  del Concilio Vaticano II y que el Papa Juan Pablo II nos propone como programática. “Hacer  de la Iglesia la casa y la escuela de comunión: este es el gran desafío que tenemos  ante nosotros en el  nuevo milenio” (NMI. 43).

La comunión se refiere directamente a las personas,  no a la simple pertenencia a una institución. E implica unas determinadas relaciones que expresan e  incrementan la comunión. Tanto los Evangelios como las  cartas apostólicas están llenas de invitaciones a esas  relaciones personales de comunión. Ahora bien, esas relaciones se viven con los cercanos, con aquellos con quienes convivimos, con los que  forman parte de la comunidad, con los hermanos concretos de carne y hueso, aquí y ahora.

¿No son precisamente esto las comunidades eclesiales de base o “comunidades eclesiales” como las llamamos en la diócesis? Pequeños grupos de personas, relativamente homogéneos,  donde se dan unas relaciones personales cercanas  de conocimiento, de amor y de ayuda, motivadas e inspiradas en el amor de  Jesús, reflejo del amor del Padre.

Con razón Aparecida afirma que “Medellín reconoció en ellas una célula inicial de estructuración eclesial y foco de fe y evangelización” (DA 178). “La vivencia de la comunión a la que ha sido  llamado, debe encontrarla el cristiano en su “comunidad de  base”: es decir, una comunidad local o ambiental, que corresponda a la realidad de un grupo homogéneo  y que tenga una dimensión tal que permita el trato personal  fraterno entre sus miembros… La comunidad cristiana de base es así el primero y fundamental núcleo eclesial… Ella es, pues, célula inicial de estructuración eclesial” (DM. D. 15, 10). Así “recogen la  experiencia de las primeras comunidades, como están descritas en los Hechos de los Apóstoles (Cfr. Hch. 2, 42-47)” (DA 178).

Las comunidades eclesiales son también sujeto y termino de la misión. Ellas “despliegan su compromiso evangelizador y misionero entre más sencillos y alejados…Son fuente y semilla de variados servicios y  ministerio a favor de la vida en la sociedad y en la Iglesia” (DA 179).

En los planteamientos teológicos y pastorales de la misión, en el lanzamiento que hace Aparecida de  una Iglesia misionera, el sujeto de la misión es la comunidad eclesial y, en concreto, la comunidad  eclesial de base, por ser comunidad de relaciones personales cercanas y por ser comunidad “de base”, del pueblo y con el pueblo.

Esta es la experiencia que tenemos quienes en los últimos años hemos animado las llamadas “misiones populares renovadas”. Los mejores agentes de una parroquia o diócesis en estado  de misión son los fieles que ya viven  dinámicamente en comunidades. Las comunidades evangelizadas y en proceso de renovación constante se convierte en comunidades evangelizadoras (EN 13, 15).

Pero además la “misión”, como clave de la renovada pastoral, suscita muchas comunidades eclesiales de base. La finalidad de la evangelización no es “la conversión individual” sino la conversión a Jesucristo y la incorporación a la comunidad de discípulos misioneros. La experiencia me confirma estos resultados.

Responses

Le tengo un par de preguntas,en que ayuda usted al pueblo de Honduras?,en que le ha servido a mi pais el hecho de tener una mayoria cristiana y catolica? y la ultima, tiene usted carro o un vehiculo propio con chofer asignado para movilizarse? no tiene que contestarme..solo piense en las respuestas y analice sus alrededores, como vive la gente en Honduras.

Señor Obispo estoy de acuerdo con las Comunidades Eclesiales de Base y soy una de la personas que pertenesco a ellas pero porque la iglesia con las CEB dejan a un lado a Patoral Familiar cuando en el documento de Aparecida tambien habla de que en las diocesis tambien deben de funcionar los movimientos de Pastoral Familiar, porque aqui hay crecimiento en familia y las comunidades es un crecimiento espiritual individual

Las CEB`s han permitido que cientos de miles de cristianos desarrollaran un proceso de crecimiento en la fe en nuestra AL, proceso que ha permitido tener un conocimiento y una fe madura en el seguimiento de Jesús, que ninguna fuerza oscura y oculta destruye tan facilmente. Las Ceb´s han sido una gran regalo para nuestro pueblo latinoamericano.
Cuando se realizó la Santa Misión del 2006, experimenté una grata alegría al saber que nuestro obispo estaba “apostando por las CEB´s” en nuestra diócesis; sin embargo, mi preocupación se hace latente cuando observo que aún ni los propios sacerdotes, mucho menos laicos, comprenden su acción pastoral. Muchos de ellos siguen una línea pastoral muy diferente a la suya, pues siguen promoviendo los movimientos eclesiales, que obviamente no son malos, pero yo considero que alejan al cristiano del compromiso con el Reino. Vuelven al cristiano acomodado, dependiente del cura, conservador y con una formación un tanto eclesiocéntrica, “movimientocéntrica” y conservadora. Ellos sólo se preocupan por su grupo, olvidándose del resto de la comunidad.
Mi preocupación es esta, y me atrevo a decir que la suya: ¿Cómo lograr que nuestra Iglesia diocesana se abra a otras realidades o prácticas pastorales sin depender de los movimientos eclesiales, que muchas veces tienden a ser conservadores y muy ortodoxos? ¿Cómo lograr que nuestro pueblo tenga una formación cualificada que le permita ser más protagonista en la Iglesia y en la sociedad según los valores del Reino? ¿Cómo hacer que nuestros hermanos presbíteros sean más abiertos, más reinocéntricos y más apegados a Medellín, Puebla y Aparecida?

Nuestra Honduras necesita más voz profética que denuncie ese mundo oscuro y oculto que en su interior teje las decisiones de país a sus propios intereses olvidanado a millones de hondureños que no tenemos nuestras seguridades básicas que nos dignifiquen como seres humanos; una voz profética que no le tenga miedo a los desafíos sociales y eclesiales que emergen cada día en nuestra realidad que grita de desesperanza y de dolor; una voz profética que esté a lado del pueblo, de nuestro pueblo que a veces peca de ignorante y de falta de criterios para discernir el lugar que le corresponde al momento de tomar partido; una voz profética que alce su voz para cuestionar las decisiones de nuestros políticos; una voz profética que en su corazón arda la Palabra para hacer que otros, muchos otros, descubramos que el Señor de la vida a venido para que tengamos vida plena desde los valores del reino; una voz profética que nos recuerde que la paz es fruto de la justicia, justicia que en nuestro país está manchada y sucia porque se ha vendido, se ha prostituído, y por eso la paz está lejos de nuestro alcance. Los laicos queremos también ser voz profética, pero las situaciones y las condiciones a que muchos estamos sometidos, no nos permiten dejar nuestros trabajos o nuestras familias para estar a lado de quienes claman justicia, como los fiscales lo hicieron.
Por momentos algunos no entendemos su presencia en ese movimiento que promueve La Prensa sobre la Paz, pues a veces ellos mismos con sus publicaciones llevan la violencia a nuestras casas mostrando tanta noticiosa maliciosa y manociada, y mostrando, a demás, publicidad que invitan al consumismo, consumismo que enferma la mente y el corazón, sin mencionar que ese medio de comunicación nunca dice la verdad y que además pertence a los poderosos.
Monseñor, soy un cristiano, que como usted, quiere ver una Iglesia totalmente solidaria, sencilla, profética, fraterna, austera, llena del Espíritu del Señor.

Saludos fraternos,
En el Corazón de María…

Efraín.

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