¡Feliz Navidad!. ¡Para felicitaciones estamos!, dirá alguno, ¡con la crisis que ha explotado y las dolorosas consecuencias presentes y futuras!
No es que los tiempos del nacimiento de Jesús fueran mucho mejores que los nuestros para que los ángeles anduvieran revoloteando de contentos y gritando a los hombres: “les anunciamos una gran alegría”.
Entonces como ahora había gobiernos imperialistas y pueblos ocupados, guerras fratricidas e internacionales, ricos epulones y pobres lázaros, migrantes y desplazados, hambrientos y enfermos, corrupción y mentira.