Un año termina. Un nuevo año comienza. Pero ¿cuál es el sentido de este paso del tiempo? Para los cristianos se ha producido un acontecimiento en función del cual todo se define en términos de “antes” de “después”. Este acontecimiento es Jesucristo. El tiempo de la preparación y de las promesas ha llegado en Él a su cumplimiento. Y el tiempo de la plenitud ha quedado inaugurado con su nacimiento.
El Padre envió a su Hijo, en condición semejante a la nuestra, para que nosotros recibiéramos la condición de hijos suyos. Desde esta certeza te invito a colocar toda tu vida, el nuevo año 2009, en las manos de nuestro “abba”, de nuestro Padre Dios, haciendo tuya la oración que el P. Fernando Ibáñez, colaborador de este blog, nos ofrece.
+ Ángel Garachana Pérez, CMF
Obispo de San Pedro Sula
“¡Abba, Padre!”
“Cuando se cumplió el tiempo envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: “¡Abba! Padre”. Así que ya no eres esclavo, sino hijo, y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios”. (Gal. 4, 4-7)
“Abba, danos el Espíritu de Jesús para saber mirar a todos los nacidos de mujer como hermanos; para que no olvidemos que en Cristo somos uno sin distinción entre judío y no judío, entre esclavo o libre, entre varón y mujer y que a todos nos llamas a la paz.
Abba, que has dado cumplimiento a la Ley en Cristo, da paz a los nacidos bajo la Ley, con los que has hecho alianza y guiado con tu presencia gloriosa, a los que llamaste en los patriarcas de quienes, en cuanto hombre, procede Cristo.
Abba, que haces suspirar a la creación entera con ser liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de tus hijos, concédenos aguardar con perseverancia junto a todos los que anhelan paz y justicia.
Abba, que conoces lo que nos angustia y sabes que nos esclaviza el miedo, la violencia y la arrogancia de los que se creen algo, protege con tu paz nuestros corazones y pensamientos por medio de Cristo Jesús.
Abba, que nos unes en un solo cuerpo, concédenos vivir en armonía unos con otros, sin engreimiento ni autosuficiencia, sino sabiendo estar al nivel de los sencillos y, en cuanto de nosotros dependa, en paz con todos.
Abba, Dios eterno, que en Cristo has dado consistencia a todas las cosas antes de que nada exista y que por él y para él has creado todo, reconcilia por él nuestros días y, por medio de su sangre derramada en la cruz, tráenos paz.
Abba, que todos los que nos sabemos hijos en tu Hijo, coherederos con él, sepamos reconocer, con alegría, a la mujer de la que nació como madre suya y Madre de la Iglesia y juntos caminemos en tu paz.”
P. Fernando Ibáñez
La “lectura orante” completa: en www.iglesiacatolicasps.com
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