El cristianismo es un “evangelio”, es decir una buena noticia para la humanidad y, por tanto, causa de profunda alegría. Es cierto que no podemos cerrar los ojos a la realidad de sufrimiento o injusticia. Es cierto que anunciamos al Crucificado, “al varón de dolores”. Pero de aquí no podemos deducir que el creyente cristiano es una persona sin alegría en su vida o que cristianismo y alegría son realidades reñidas entre si. (más…)