continental1Hay dos expresiones que se van haciendo de uso común  en los círculos de nuestra Iglesia Católica Latinoamericana: “Aparecida” y “Misión Continental”. Sobre “Aparecida”, como acontecimiento y documento de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, he escrito varias veces en este blog. Hoy comparto con ustedes algunas reflexiones sobre la “Misión Continental”. Me da pie el “lanzamiento” de dicha misión realizado durante la solemne celebración de Pentecostés en todas las diócesis de Honduras. Y respondo así las preguntas que muchos me han formulado: “¿En qué consiste la Misión Continental? ¿Será como la Santa Misión del 2006 en nuestra diócesis? ¿Qué tenemos de hacer?” Preguntas que manifiestan un claro y excelente deseo de conocer y de cooperar. 

 

“Si la Iglesia peregrinante es misionera por naturaleza, porque toma su origen de la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el designio del Padre” (DA 347), y si “todo discípulo es misionero, pues Jesús lo hace participe de su misión (DA 144), cabe preguntarse ¿cómo estamos realizando hoy la misión? ¿Vivimos lo que somos?

 

La Iglesia reunida en Aparecida se formuló con nitidez este interrogante. Se sintió llamada a repensar y realizar con fidelidad y audacia la misión en las nuevas circunstancias, tan cambiantes y complejas (DA 11). Quiso despertar conciencias y aguijonear voluntades para un gran impulso misionero (DA 548). Propuso un proceso, hondo y duradero, de renovación misionera. Y enunció esta inspiración, ardor y compromiso con la expresión “Misión Continental” (DA 362, 551). continental2

 

Misión Continental nos habla de “envío”, de ponerse en camino. Ser misionero es ser enviado siempre, más allá de lo ya bien logrado tanto en la formación y maduración de la comunidad cristiana como en la evangelización de la cultura. De lo más evangelizado a lo menos evangelizado, de los más cercanos a los más alejados, de la Iglesia más consolidadas a las menos con consolidadas, de las que tienen más recursos de personal y de medios económicos a las que tienen menos, en círculos concéntricos de expansión

 

Lo contrario de la Misión es “la instalación”, quedarse en lo ya conocido, y por tanto más fácil, en el trabajo intraeclesial acostumbrado, en el cuidado de las ovejas que están dentro del redil. Pero una misión que se redujera casi exclusivamente al trabajo en el interior de la misma comunidad no alcanzaría su objetivo y empobrecería a la comunidad, ya que la misión de la Iglesia es hacer de todo evangelizado un evangelizador y de toda comunidad de discípulos una comunidad misionera.

 

“Necesitamos salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo… No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos, sino que urge acudir en todas las direcciones para proclamar que hemos sido liberados y salvados por la victoria pascual del Señor de la historia” (DA 548).

 

Misión Continental nos habla de proceso, de itinerario que ponga a toda la Iglesia y a todos en la Iglesia en estado permanente de misión. Son muchos los que al escuchar o leer “Misión Continental” piensan en las llamadas “Santas Misiones” o “Misiones populares renovadas”: un tiempo intenso de dos o tres semanas, con su periodo de preparación y seguimiento, en las que se anuncia el Evangelio, se llama a la conversión de vida, se hace una experiencia inicial de pequeñas comunidad y se renueva la vivencia sacramental.

 

continental3Este es un gran dinamismo de renovación misionera pero la Misión Continental, aun contando con él, va más allá en la duración del tiempo, en la hondura y maduración de los procesos y en la amplitud geográfica, ambiental y cultural a la que se quiere llegar.

 

La Misión Continental es un proceso de mediana duración (de cuatro a seis años), espiritual y pastoral, personal y comunitario, hondo y global, de renovación misionera de la Iglesia de América Latina para que no sólo “de misiones” sino que viva en estado permanente de Misión.

 

No está dicho todo. Seguiremos platicando.

 

 

+ Ángel Garachana Pérez, cmf

   Obispo de San Pedro Sula  

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