4Mi complemento, en el aspecto del que quiero hablarles  es el P. Raúl Najarro. El P. Raúl es un sacerdote riojano de solera y, como  el buen vino, cuanto más añejo mejor. Yo lo he conocido ya en sus años de plenitud. Tiene dos hermanos claretianos. Uno en Bolivia y otro en Guatemala. Y conociendo a los tres y a otros familiares se da uno cuenta que “de raza le viene al galgo”, “de tal palo, tal astilla”, “de tales padres, tales hijos”. Y no sigo ensartando refranes que con los dichos  se entiende.

A los 65 años se jubila de la enseñanza religiosa  superior en Logroño (España) y se viene conmigo a San Pedro Sula. Y conmigo, y con otros sacerdotes, vive en el obispado. No crean que gestos así los tienen muchos. Esto sólo se hace por sobredosis de fe en Dios y de amor a las almas (alma es toda la persona en cuento religada y referida a Dios).                

2Pues bien, digo que es  mi complemento  porque tiene mirada de niño (es decir, de mayor maduro y sazonado) para ver lo positivo y labios  de esperanza para dejar caer una palabra de ánimo. Cuando yo, perfeccionista, me quejo de que tal reunión no logró la participación debida, de que algunos se marcharon antes de tiempo, de que…, él me rearguye: “Pero  ¿de qué te quejas?, si ha sido un encuentro formidable, si ha reinado un ambiente de confianza y de paz que ya lo quisieran otros, si… y me va enumerando todo lo positivo. Verdaderamente que es un regalo de Dios tener un compañero sacerdote que me ayuda a fijarme en el lado luminoso de las personas, del trabajo pastoral, de la Iglesia sampedrana y a comprender que si existen  las sombras es porque brilla la luz. Sin luz no habría sombras. Todo sería oscuridad.

Y el P. Raúl es “compañero” en el estricto sentido etimológico de la palabra: com-pañero, cum panis, con quien como el pan. Vive conmigo en el obispado y “compartimos la mesa”: el pan o las  tortillas, el agua o el vino, el arroz y los frijoles. Lo que haya. Porque lo que hay en casa es de todos. Lo que nos regalan es para todos. El P. Raúl hasta en el “sentido del gusto” es optimista, positivo. Todo le gusta, todo está “muy rico”. Así es capaz de despertar las ganas de comer al más inapetente. Doña Mavis, nuestra cocinera, no tiene que quebrarse la cabeza pensando qué le pondrá de comer. Esto me recuerda a un claretiano, maestro en la espiritualidad de San Antonio María Claret, maestro por sus conocimientos y maestro por sus vivencias, que nos decía: “no sólo hay que tener espíritu misionero sino también estómago misionero”,  es decir, estómago que se hace a las comidas de los lugares donde uno es enviado a trabajar por el Señor y por el pueblo que le encomiendan. ¡Qué alegría ser compañero (comer juntos el pan y lo demás) con quien disfruta del alimento cotidiano y te anima a degustarlo y disfrutarlo!

7Debo añadir, para redondear esta presentación, que también  lo tengo por “mi complemento” en la misa de la tarde en la Catedral sampedrana. Si yo  le pregunto: “vas a estar esta tarde libre  para que estés atento a la misa, por si yo no llego”, la respuesta es: “tú estate tranquilo. Yo estoy al quite. Que no llegas, yo presido la celebración”.  Como suele decirse “tengo las  espaldas bien cubiertas”.

Y ya, empalmando con esto, les diré que es un sacerdote que disfruta y se fortalece celebrando la Eucaristía. La mayoría de los domingos celebra cuatro o seis eucaristías. Y no piensen que esto le produce rutina o formalismo. Al contrario, como él mismo dice: “cada una la celebro con más ganas y fervor”.

El P. Raúl no sabe que he escrito estas lindas cosas sobre él. Se enterará cuando las lea. Si en su humildad protesta, le diré que es bueno, saludable y edificante hablar bien de los hermanos.

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