La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, de La Lima (Cortés), quiere ir haciendo realidad el objetivo de la Misión Continental: ser una parroquia en estado permanente  de misión. Del 19 de abril al  7 de junio han  realizado la “renovación de la Santa Misión” que vivió toda la diócesis de San Pedro Sula el año 2006.

Animados y coordinados por un grupo de diez misioneros redentoristas, los agentes de pastoral se han revitalizado como discípulos de Jesucristo animando misioneramente la parroquia, las comunidades eclesiales que se renueven  en las casas se han consolidado saliendo a visitar  familias e iniciando nuevas comunidades. El P. Arsenio nos cuenta su experiencia, comparte sus reflexiones  y nos da su testimonio a los lectores de este blog.

“No se parece en nada el trabajo que estamos realizando este año al realizado en aquella primera misión de hace 18 años. Recuerdo entonces, que la labor fue muy dura, para mí y para todos los compañeros de aquella misión. Era una labor de desbroce, de siembra y de desconcierto. No sabíamos si la semilla era la apropiada, si el campo estaba preparado para la siembra, si iba a ver un  cuidado posterior. Todo era incierto y lleno de dificultades.
Y, 18 años después, desde esta dimensión misionera, lo veo ahora distinto y casi todo bonito. Porque la misión es un proceso hacia un futuro mejor. 
Un proceso es lento pero constante: desde 1991, la misión no se ha interrumpido. Creo que es la séptima vez que renovamos y apoyamos la misión. Sin prisas, pero sin pausas, dice el refrán.
Un proceso, en línea ascendente hacia mejor: las comunidades de antaño, han aumentado en cantidad y en calidad. Unos 450 grupos distribuidos a lo largo y ancho de esta amplísima parroquia.
Un proceso completo: cada comunidad eclesial es lugar de encuentro de hermanos, de oración, de reflexión y de compromiso. ¿Quién da más?
Un proceso de enriquecimiento. Esas mismas comunidades se reúnen, y así se enriquecen, todas las semanas.
Un proceso donde los laicos son protagonistas: los animadores de esas comunidades, moderan y animan y se reúnen periódicamente para su propia formación.
La Misión diocesana del año 2006, supuso un gran esfuerzo de  medios y de personal misionero. En ella participamos 25 misioneros redentoristas, de España y de América. Pero también se hicieron nuevos planteamientos para ofrecer una nueva imagen de Iglesia. Iglesia como Pueblo de Dios. Iglesia como comunión de comunidades y personas. Iglesia como comunidad misionera. Iglesia en la que los laicos son protagonistas en las tareas pastorales y misioneras.
Y así, poco a poco se va haciendo una parroquia misionera, en Honduras; una parroquia en permanente estado de misión.  La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, de La Lima. La Iglesia de Dios, el Pueblo de Dios.
También hay otra parte dolorosa que me entristece. Y me entristece la violencia callejera. Me entristece y llena de rabia la violencia organizada de los poderosos; de los poderosos de fuera y de los corruptos de dentro. Me parte el alma  ver a tantos niños desnutridos y abandonados. Me entristece que la cultura  sólo esté al alcance de una minoría. Me entristece la violencia en el hogar, que sufren mujeres y niños. Me entristece que las drogas y las pandillas sean la única salida para muchos jóvenes. Me entristece y me agobia, la falta de higiene. Me entristece y me molesta ese patriotismo fanfarrón que  promueven las autoridades para disimular los verdaderos problemas que tiene el país. Me entristece y me duele la escasez de trabajo y la explotación laboral del hombre y la mujer. Me fastidia que  no pueda leer por la noche porque la compañía bananera o quiere darnos luz. Pero yo, sólo estoy entristecido, enrabietado, molesto y fastidiado  por unos meses. Y ¿qué cómo se sentirán los que están  aquí de por vida? 
Antes y ahora, la bondad de la gente; gente acogedora y agradecida por la atención y escucha del misionero; gente con hambre de Dios; gente que se esfuerza por ganarse el pan a base de esfuerzo y de trabajo; gente humilde que me acoge en su casa y me ofrece  lo que tiene; gente pobre que comparte su tortilla y sus frijolitos conmigo. Gente maravillosa, que hace grande a este país chiquito, que se llama Honduras. ¡Primero Dios!”
P. Arsenio. CSSR (Redentorista)

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