En estos días de Navidad recibimos muchas felicitaciones, mensajes, invitaciones, propaganda, etc. Yo también quiero decirles algo, sencillo pero muy importante: que no nos olvidemos de quien es la causa y razón de estas fiestas navideñas.
La Navidad cristiana es Jesucristo. Su nacimiento celebramos, su persona adoramos, su luz acogemos, su paz recibimos, su vida vivimos, su alegría nos llena por dentro y se desparrama por fuera.
No leas esta noticia fríamente, con indiferencia o como algo ya rutinariamente sabido. Déjala que penetre hasta el fondo de tu alma y conmueva toda tu vida.
En el nacimiento de Jesucristo “se ha manifestado la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres” (Tit. 2,11). Vivimos momentos de confusión y desorientación; experimentamos diversas formas de abandono y exclusión; nos parece estar condenados a una situación de injusticia sin salida. Como el ángel a los pastores yo hoy les digo: “nos ha nacido un Salvador” (Lc. 2,11). No estamos condenados al desecho, sometidos inexorablemente al poder de las fuerzas del mal y de la muerte. “Dios nos ha salvado en Jesucristo que ha destruido la muerte y ha hecho irradiar la vida” (2Tim. 1,9-10). Acojamos con gozo y agradecimiento a nuestro Salvador.
“Ha aparecido ahora la bondad de Dios y su amor a los hombres (su filantropía)” (Tit. 3,4). Nuestras relaciones interpersonales, comunitarias y sociales han sufrido un grave deterioro. Se han creado antagonismos y profundizado divisiones. Se ha llegado a la ofensa verbal y a la violencia física. La celebración navideña nos ofrece la gran oportunidad de sabernos todos entrañablemente amados y reconciliados por Dios, porque “tanto amó Dios al mundo que entregó a su hijo único, no para condenarlo sino para salvarlo” (Jn. 3, 16-17). Dios nos ha envuelto en su amor para que nos amemos unos a otros de la misma manera y tejamos unas relaciones sociales justas, solidarias y fraternas.
“La venida de Jesucristo nos ha traído la buena noticia de la paz” (Ef. 2, 17). En su nacimiento los ángeles cantaron: “paz en la tierra a los hombres que gozan del amor de Dios” (Lc. 2, 14). Nosotros levantamos muros de separación y enemistad por motivos étnicos, políticos y religiosos. No hay familia que no sufra por la muerte violenta de algún ser querido, o no haya experimentado la angustia de ser objeto de secuestro, extorsión o robo. El nacimiento de Jesucristo “destruye el muro de la enemistad que nos separa” (Ef. 2,14). “El es nuestra paz” (Ef. 2,14). El nos da su paz (Jn. 20, 20-21) y nos quiere constructores de la paz (Mt. 5,9). La Navidad es un llamado apremiante a respetar, defender y cuidar la vida humana y una invitación amorosa a trabajar por la convivencia pacífica y concorde y a superar la tentación de enrolarnos en la espiral de la violencia.
Para reconocer al Salvador, que es signo de la bondad de Dios y nos trae la paz, el ángel nos dice: “esto les servirá de señal: encontrarán a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc. 2, 12). Ésta fue su cuna, un pesebre. Pesebre quiere decir pobreza y marginación. No había sitio para él ni siquiera en la posada. Pesebre quiere decir solidaridad con los pobres para que tengan vida en plenitud. La pobreza crónica de la mayoría de la población Hondureña se agudiza dramáticamente a causa del terremoto económico mundial, resultado de la idolatría del dinero, y a causa de la prolongada crisis política que vive el país. Contemplar al Niño acostado en el pesebre nos libera a todos del ansia de poseer y consumir, abre nuestros corazones y recursos a la ayuda fraterna y nos hace solidarios para trabajar juntos, con amor y en verdad, por un desarrollo integral de todos, prioritariamente de los más pobres.
Navidad 2009 en Honduras. Humanamente hablando, habría razones para el temor, la tristeza y la desesperanza. Pero creemos a fondo que Dios tiene designios de salvación y de vida para nosotros. Nos lo ha demostrado con creces en el nacimiento de Jesucristo. Su amor ha madrugado más que nuestra tristeza y ha disipado la niebla baja y penetrante de nuestra desesperanza. Ya no tememos, ya no estamos tristes, ya no desesperamos. Es Navidad.

Bookmark and Share