seminaristas5La diócesis de San Pedro Sula ha hecho una “opción” clara y decidida por la pastoral vocacional, especialmente de vocaciones nativas al presbiterado. Entre las diversas actividades que realiza hay una orientada a las familias de los seminaristas.

Desde el año 1996, todos los segundos fines de semana del mes de enero organizamos el llamado “Encuentro de familias”. Este año ha tenido lugar en el centro de Capacitación de San Pedro durante la tarde del sábado nueve y la mañana del domingo diez.

En el encuentro participan los familiares más cercanos de los seminaristas mayores de la diócesis. Los mismos seminaristas organizan las diversas actividades. Ellos se ocupan de la acogida, hospedaje y manutención. Cuidan también de la convivencia de manera que sea agradable y distendida. Buscan las dinámicas de presentación de las familias y de intercambio de relaciones entre ellas. Informan de la vida del semanario, de la formación que reciben, los estudios que realizan, la vida comunitaria que llevan y la espiritualidad que anima su proceso vocacional.

Personalmente acompaño a las familias y seminaristas toda la mañana del domingo. Saludo a los que llegaron, escucho sus presentaciones, les dirijo un saludo, les doy gracias por el don de sus hijos para el servicio de la Iglesia y los invito a orar por ellos y apoyarlos en su camino hacia el sacerdocio. Presido la celebración eucarística que nos reúne como familia santa de Dios y comparto con todos el almuerzo que es también un hermoso y sencillo gesto de comunión.

Con este encuentro queremos resaltar la importancia que tiene la familia en el nacimiento, desarrollo y maduración de las vocaciones sacerdotales. El seminarista, elegido y llamado por el Señor para servir un día a la comunidad de fieles, es un joven concreto, con su nombre y apellidos que marcan su identidad propia y lo vinculen a una familia. Cada seminarista tiene su herencia genética y su historia familiar.

En la mayoría de los casos la familia ha sido un factor decisivo en el nacimiento y primer desarrollo de la vocación. Hay familias que oran por las vocaciones, que piden al Señor que alguno de sus hijos sea llamado al ministerio sacerdotal, e incluso que colaboran en la pastoral vocacional de sus parroquias. De una forma u otra, las familias, especialmente los padres, tienen una misión insustituible en la configuración de la psicología, de la fe cristiana y de la vocación especifica de sus hijos. Animo a los padres a realizar con responsabilidad y dedicación esta hermosa tarea que les traerá grandes alegrías, no exentas de momentos de preocupación y dolor porque sólo el que ama sufre por la persona querida.

Según pasan los años de formación la familia experimenta que su hijo, hermano o familiar seminarista también ejerce un influjo positivo en el ambiente doméstico. Van sintiendo que, aunque no esté físicamente en la casa, no lo han perdido sino que lo han ganado en una dimensión nueva, más espiritual, real y verdadera. Su estancia en el hogar, durante los periodos de vacaciones, aporta algo especial en la medida en que el joven seminarista va madurando. La ilusión, el agradecimiento y el apoyo crece según se va acercando el tiempo de su ordenación.

Doy gracias a Dios por las familias de los seminaristas de esta diócesis de San Pedro Sula, las bendigo y las encomiendo en mis oraciones.

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