Caminantes de la paz, los invito a orar. La paz ha de ser trabajada y construida con esfuerzo, día a día, sí. Pero la paz ha de ser pedida y suplicada confiadamente a Dios, Padre fiel y misericordioso, por medio de Jesucristo, nuestra paz definitiva (Ef. 2, 14).
Si tienen a bien, se dan la mano como signo de comunión; manos unidas por la paz y para la paz.
Ante Ti, Padre, por la paz Dios y Padre nuestro, Tú nos has creado por amor y quieres que vivamos en paz y en armonía, en justicia y solidaridad, para bien de todos y de cada uno. Mira esta multitud de personas reunidas por un deseo común: la paz. Paz en los corazones, en las familias y en la sociedad. Aquí nos tienes, Padre, a empresarios y trabajadores, a profesores y estudiantes, a transportistas y usuarios, a padres y madres, a mayores y jóvenes, a habitantes del norte y del sur, del este y del oeste y del centro del gran San Pedro Sula. Unidos, oh Dios Padre de todos:·
Para rechazar y condenar la violencia que destruye y la inseguridad que amedrenta.·
Para manifestar solidariamente que queremos vivir en paz, en sosiego, libres de miedo y zozobra.·
Para proclamar nuestro derecho a unas condiciones sociales que favorezcan la seguridad y la libertad, la justicia y el bien común.·
Para comprometernos a construir la paz en el corazón de cada uno, y en las relaciones mutuas.
Con el corazón dolorido Estamos ante Tí, Padre, con el corazón dolorido y triste por la muerte violenta de tantos familiares, amigos, vecinos y ciudadanos nuestros. Esas muertes rompen dramáticamente y de repente, los lazos y vínculos más estrechos. Desgarran los afectos y el espíritu. ¿No hemos visto las lágrimas, y sentido el dolor y la angustia en tantas familias a quienes la violencia ha matado algún ser querido? Padre, no podemos quedar indiferentes. Lo que a otro le pasa a mí me afecta. Lo que al otro le ha sucedido, me puede ocurrir a mí. Somos miembro del mismo cuerpo social. Y es todo el cuerpo el que sufre. Padre misericordioso, Tú también sufres con tus hijos, Tú también ves el dolor de tu pueblo. Tú también lloras por nosotros. Y te sientes profundamente conmovido por nuestra suerte. Nos lo dices por el profeta Isaías: “¿Acaso olvida una madre a su hijo, y no se apiada del fruto de sus entrañas? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré” (Is. 49, 15).

Ante tanta violencia desenfrenada: asaltos en la calle y en las viviendas; robos de un celular, de una bicicleta o de un carro; extorsiones por pequeñas o millonarias cantidades; amenazas e intimidaciones, asesinatos de personas de todas las edades y condición social, nos preguntamos, y te preguntamos: ¿por qué, por qué? ¿Por qué, oh Dios? ¿Qué nos está ocurriendo personal y socialmente para llegar a estas situaciones? ¿Qué se está destruyendo en la conciencia individual o en el sentir colectivo para que la persona humana no sea respetada y valorada, para que su vida sea tan insignificante que se la elimina por cualquier causa?
El hacer estas preguntas, Señor, no es falta de fe. Es el dolor que quiere comprender lo incomprensible. Es el amor que experimenta el absurdo de esa muerte. Es la voluntad que quiere el bien, la convivencia, la paz y se encuentra con el mal. Nuestras preguntas, lágrimas y protestas, nuestra marcha son un signo claro, una afirmación rotunda del valor sagrado de toda vida humana, del derecho inalienable a la vida, a una vida en dignidad, porque nos has creado a tu imagen y semejanza. No somos muñecos de trapo o una máquina perfeccionadísima. Somos “personas”, hijos e hijas tuyos. Somos tu templo más sagrado. Sí a la vida, no a la muerte Tú pusiste en nuestro ser la llamada a la convivencia y en nuestra conciencia el mandato positivo de respetar y promover la vida y el mandato en negativo de “no matarás”. Y nos diste al otro como hermano, como prójimo y no como homicida.
El que ama a su prójimo ha pasado de la muerte a la vida. El que odia a su hermano como Caín, es un homicida y sabemos que ningún homicida posee vida eterna (Cfr. 1Jn. 3, 12-15) Tu plan y tú voluntad es que tengamos vida en plenitud, que convivamos en respeto y amor, que nos preocupemos unos de otros, para el bien común de todos. Estos son también nuestros deseos y aspiraciones. Por eso hoy proclamamos:sí a la vida del prójimo, no a su muerte,sí a la convivencia, no a la violencia,sí al respeto mutuo, no al desprecio,sí a las relaciones justas, no a la injusticia,sí a la solidaridad, no al egoísmo,sí a la integración de todos en los bienes humanos, no a la exclusión de nadie,sí a la paz, no a la guerra,Sí a Dios. Sí al prójimo.
Sí al cuidado, respeto y a la promoción de la vida:en el seno de la mamá y en la cama del enfermo terminal,en el hogar familiar y en los medios de transporte,en los centro educativos y en los centros laborales,en las cárceles del país y en las filas de la policía,en las calles de la ciudad y en los caminos del campoen todos los lugares donde vivimos y convivimos.
Te pedimos, Padre
Dios de la vida, Padre misericordioso:
Tú puedes hacer de los violentos, pacíficos:·
Te pedimos que toques el corazón de los asesinos, de quienes dañan a los demás en sus bienes o en sus personas para que se conviertan.·
Remueve la conciencia de quienes cómodamente instalados ordenan los robos, secuestros y asesinatos, que no puedan vivir tranquilos acostados sobre el dolor de los demás.
Tú quieres que quienes nos gobiernan, quienes tienen la misión de proteger a la ciudadanía y de juzgar rectamente cumplan con sus obligaciones.·
Te pedimos que cada uno de los poderes del Estado asuma decisiones sabias y tenga el comportamiento honesto y responsable que lleve al país a la paz y a la seguridad, a la convivencia y al desarrollo, de modo que no sea esclavo de la violencia, de la impunidad y de la ind
efensión.No podemos olvidar, Señor, la responsabilidad de los padres y educadores en la formación de las conciencias y en la educación para la paz:·
Te pedimos que la familia y la escuela sea ámbito privilegiado para educar en la paz y en el conjunto de valores y virtudes que la paz conlleva, que en la casa y en la escuela se aprenda a vivir en armonía, diálogo, convivencia y respeto.
Hoy, Señor, experimentamos cambios profundos, rápidos y globales en nuestra sociedad. Los medios de comunicación tienen una influencia grande en la creación de una cultura de paz y de respeto a la vida:·
Te pedimos por todos los medios de comunicación, escritos, orales, visuales, para que pongan por encima de todo el valor de la persona, el respeto a la persona viva, herida o muerta. Para que la libertad de expresión en palabras y en imágenes quede enmarcada en el primado de la caridad y de la verdad.
Señor, Dios de la Vida, para quien los vivos y los muertos no son un número sino un rostro, un nombre único e irrepetible, escúchanos:·
Te pedimos por los que han muerto víctimas de la violencia, conocidos o desconocidos, que tu misericordia los acoja, los abrace, los perdone y les dé la vida eterna en Jesús, tu Hijo amado y hermano nuestro.·
Derrama tu paz interior, tu consuelo espiritual y tu fortaleza de ánimo en los padres, madres, hermanos, amigos que han perdido un ser querido a causa de la violencia asesina. Que en su dolor nazca y crezca la esperanza que no defrauda pues se apoya en Ti, vencedor del pecado y de la muerte.
Señor, el Dios fiel y cumplidor, Tú nos enseñas a perseverar en lo emprendido, a llevar a término la obra iniciada, ayúdanos a proseguir “la marcha por la paz”. Esta jornada es sólo el comienzo de un largo y exigente camino. Señor danos:
· Sabiduría para conocer las causas de la violencia y sus remedios eficaces,
· Espíritu de diálogo y de colaboración entre las diversas instituciones para trabajar unidos por la paz,
· Fortaleza para perseverar en el esfuerzo conjunto y en la búsqueda de soluciones a pesar de las dificultades, cansancios o divergencias.
· Danos esperanza, una esperanza a toda prueba, una esperanza activa y creativa, una esperanza que no claudique porque tiene a Dios como fundamento y energía.
****Señor, basta de violencia.Señor, queremos paz.Señor, trabajaremos por la paz.Señor, danos la paz.Amén, amén, amén.
+ Ángel Garachana Pérez, CMFObispo de San Pedro Sula14 de mayo de 2008