También Jesús tuvo su casa. La Palabra eterna que estaba junto al Padre se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn, 1, 14), con sus padres María y José, en Nazaret. (Lc 2, 51). Y en la casa, ámbito de protección y de preparación, santuario de amor y de vida, taller y escuela de personalización, fue creciendo en estatura, en sabiduría y en gracia, ante Dios y ante los hombres. (Lc 2,52).
Hasta que llegó el momento de dejar la casa, no para casarse y fundar un nuevo hogar sino para comenzar su ministerio (Lc. 3,23), el anuncio del Reino de Dios y para formar una nueva familia basada, no en la carne y la sangre, sino en el cumplimiento de la voluntad del Padre que está en los cielos. Alguien le dijo a Jesús: “¡Oye!, ahí fuera están tu madre y tus hermanos que quieren hablar contigo”. Respondió Jesús al que se lo decía: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”. Y señalando con la mano a los discípulos dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mt. 12, 46-50). (más…)
La transmisión de la fe es preocupación fundamental de la Iglesia en todos los continentes, bien sea por la grave crisis que atraviesa en algunos lugares, bien sea por la importancia dada a las religiones históricas de grandes poblaciones, bien sea por los cambios culturales profundos que terminan afectando a todos. (más…)
“Jesús, al llamar a los suyos para que le sigan, les da un encargo muy preciso: anunciar el Evangelio del Reino a todas las naciones (Cfr. Mt. 28, 19; Lc. 24, 46-48). Por esto, todo discípulo es misionero, pues Jesús lo hace participe de su misión, al mismo tiempo que lo vincula a Él como amigo y hermano… Cumplir este encargo no es una tarea opcional, sino parte integrante de la identidad cristiana, porque es la extensión testimonial de la vocación misma” (144) . “Discipulado y misión son como dos caras de una misma medalla” (146).
La reflexión teológica sobre la misión evangelizadora de la Iglesia viene de lejos y Aparecida no elabora propiamente una teología de la misión. Recibe la herencia. Su novedad está en el llamado entusiasmado y entusiasmante, apremiante e insoslayable a la misión. Se realiza un cambio de “clave” pastoral, se enfoca una nueva perspectiva que “exige pasar de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera” (370). Un sereno y lucido análisis de nuestra pastoral nos muestra que la mayor parte del tiempo, de las personas y de los medios se dedican a cuidar a los que ya están dentro, más o menos cercanos. Se trata ahora de invertir la prioridad, la clave, el tiempo y las energías.
Domingo 25 de mayo, fiesta del “Cuerpo de Cristo” (Corpus Christi). La fiesta viene de antiguo. Se celebró por primera vez en la ciudad de Lieja en 1246. El Papa Urbano IV la extendió a toda la Iglesia y pronto se convirtió en una de las principales solemnidades del año litúrgico.
Acerquémonos al “Cuerpo de Cristo” para contemplarlo como lugar de paz y reconciliación, por medio de la Palabra de Dios, la poesía y la enseñanza de la Iglesia. (más…)