Del 22 al 26 de septiembre tuvo lugar en el Centro “Las Tres Rosas” (Valle de Ángeles) un “seminario taller” de representantes de las pastorales sociales y Caritas de Centroamérica para estudiar el fenómeno de la violencia juvenil en el área y abrirse a los desafíos pastorales que plantea.
Al término de la reunión publicaron una “declaración pastoral”, de la que apenas se han hecho eco los medios de comunicación, yo me hice presente la primera mañana del encuentro y di la bienvenida a los participantes en nombre de la Conferencia Episcopal, ya que se reunían en Honduras. Quiero hacer llegar a mis lectores algunas reflexiones y compromisos de la “declaración pastoral” como una forma de contribuir a la sensibilización sobre las causas de este problema y a la búsqueda y puesta en práctica de las más humanistas y eficaces soluciones. (más…)
La pastoral juvenil católica dedica el mes de junio a la juventud. La campaña de este año tiene como tema: “el joven y la comunicación en el 3º milenio”. Las formas de comunicarnos son muchas y variadas. Quiero usar este blog para “comunicarme” con los adolescentes y jóvenes y para invitarlos a la personalización de un conjunto de valores que motiven, orienten y den sentido pleno a su vida.
Miro, con otros compañeros una fotografía de cuando estábamos en la escuela:
- Este soy yo.
- ¡Cuánto has cambiado!
Soy yo y no otro pero más hecho, más desarrollado. ¡Y qué diríamos si pudiésemos sacar una fotografía de nuestro ser interior!
Y es que no nacemos hechos y acabados, perfectamente terminados. Sino que día a día tenemos que vérnosla con nuestra propia realización, perfeccionamiento, personalización. En ningún momento de la vida puede decir una persona que se posee a mi mismo plena y perfectamente, de modo que ni pueda perder lo logrado, ni pueda superar lo conseguido. Siempre estamos abiertos a un más que nos trasciende, llama y atrae. Siempre corremos el riesgo de que lo logrado se deteriore o pierda.
Esta condición de persona en proceso, en maduración en configuración fundamental es más visible, clara y objetiva en la infancia, adolescencia y juventud. La psicología evolutiva ha estudiado y explicado este proceso. En la infancia y la adolescencia nos vamos como equipando para la vida, poniendo los presupuestos e instrumentos para el ejercicio de la libertad adulta. En la juventud (18-25 años) se configura la propia identidad, desde un yo personal que asume el pasado, lo discierne, lo personaliza; desde un yo personal que toma sus opciones, decide sus responsabilidades.
Es decir, la juventud es la edad de la personalización consciente y responsable, o de la despersonalización en la superficialidad, en el anonimato, en la falsedad.
Personalización es la acción y el proceso, de hacer propio, personal algo; de hacerse persona en libertad, en responsabilidad, en relación. Al hablar de personalización ponemos como centro a la persona humana comprendida como: ser único e irrepetible, en relación con los demás, trascendente y abierto al absoluto y en proceso.
La persona es el primer valor. Todo lo que existe es valioso pero la persona es el punto de arranque y referencia de todos los valores. La persona en cuanto tal es valiosa, antes de las cosas que haga o las destrezas que tenga.
Es distinto el concepto de “valor”, del concepto de “utilidad”. Nuestra cultura tecnocrática y eficacista tiende a valorar a la persona por su condición de medio, de utilidad para la producción y para el consumo. Cuando no es útil, no se la valora y se la retira.
Y la persona como valor supremo se personaliza: cuando tiene unos valores que dan sentido a su vida, cuando hace lo que es valioso (bueno, justo, saludable), cuando tienen valor (energía, autenticidad,…) para hacerse y no claudica de su responsabilidad.
Los valores interiorizados y personalizados se convierten en motivación para vivir, para amar, para trabajar, cuidarse así mismo y a los demás. Necesitamos la fuerza, el motor interior que impulse y sostenga el proceso. Hay muchos jóvenes des-motivados: los valores les suenan a hueco, a vacío, no les dicen nada.
Los valores dan sentido, orientación a cada momento y a la totalidad de la vida. Marcan la dirección del proceso. Nos dicen que la vida no es absurda, que el camino no es camino a ninguna parte. Hay jóvenes que viven SIN-SENTIDO en la vida, sin dirección, sin orientación.
Finalmente, los valores configuran la libertad en un comportamiento moral. La libertad se vive como radicada, religada al bien, a lo justo y no como libertad de capricho, de interdeterminación. Hay jóvenes DES-MORALIZADOS, queriendo ser libres y felices terminan en una libertad vacía y esclava.
En conclusión, la juventud es la etapa propia y decisiva, después del equipamiento recibido en la infancia y adolescencia, para construir la propia identidad y la relación, desde unos valores que se fundamentan y se dirigen a la persona como primer valor, que llevan a la persona a hacer lo que es valioso, y le dan valor para hacerse e ir llegando así a aquella plenitud de existencia humana posible.