En estos días de Navidad recibimos muchas felicitaciones, mensajes, invitaciones, propaganda, etc. Yo también quiero decirles algo, sencillo pero muy importante: que no nos olvidemos de quien es la causa y razón de estas fiestas navideñas.
La Navidad cristiana es Jesucristo. Su nacimiento celebramos, su persona adoramos, su luz acogemos, su paz recibimos, su vida vivimos, su alegría nos llena por dentro y se desparrama por fuera.
No leas esta noticia fríamente, con indiferencia o como algo ya rutinariamente sabido. Déjala que penetre hasta el fondo de tu alma y conmueva toda tu vida. (más…)
Navidad, palabra cargada de resonancias afectivas, culturales y religiosas. Navidad, nacimiento. ¿De quién? De Jesús de Nazaret, nacido en Belén, hace 2008 años.
¿Tan importante es como para recordarlo, más aún, para celebrarlo universalmente con tanta ilusión, con tanta vida, con tanta conmoción? Sí, tan importante que sus seguidores le confesamos Hijos de Dios, Palabra del Padre encarnada, Salvador, Luz del mundo, príncipe de Paz, Camino, Verdad y Vida.
Pero lo extraño es que algunos celebran la fiesta navideña, olvidando a quien es la causa de tanta alegría, Jesús de Nazaret.
¡Feliz Navidad!. ¡Para felicitaciones estamos!, dirá alguno, ¡con la crisis que ha explotado y las dolorosas consecuencias presentes y futuras!
No es que los tiempos del nacimiento de Jesús fueran mucho mejores que los nuestros para que los ángeles anduvieran revoloteando de contentos y gritando a los hombres: “les anunciamos una gran alegría”.
Entonces como ahora había gobiernos imperialistas y pueblos ocupados, guerras fratricidas e internacionales, ricos epulones y pobres lázaros, migrantes y desplazados, hambrientos y enfermos, corrupción y mentira.