En la oración, Jesús escucha la voz del Padre: “Tú eres mi hijo amado, mi predilecto” (Mc. 1, 11). Tú ser entero está brotando de Mí: Yo soy tu Padre”. Al mismo tiempo, la oración es un tiempo privilegiado de la experiencia filial de Jesús, un momento de intimidad a plena conciencia con su Padre. Por eso Jesús se dirige a Dios llamándole “Padre”, “Abba”. La oración de Jesús es una oración filial, de absoluta confianza y de inquebrantable obediencia.
“Oren así”, es decir, oren como hijos porque mi Padre es también su Padre que los ama entrañablemente. Ustedes son su alegría, son como “la niña de sus ojos”.
Jesús nos introduce en su vida de Hijo y, por tanto, en su oración filial. Hemos recibido el Espíritu que nos hace hijos y que nos permite clamar; “Abba”, es decir, “Padre” (Rom. 8, 15). (más…)
Tal es la voluntad de Dios inscrita en nuestra carne y en nuestra conciencia y escrita en la Sagrada Biblia (Ex. 20,12; Dt. 5.16).
Recuerdo que cuando yo era joven misionero, recién venido a Honduras, el P. Cruz Ripa, 30 años mayor que yo y cuyos padres ya habían muerto, me decía: “Ángel, como los padres, nadie; el amor a los padres es único”. Y añadía: “yo quiero a mis hermanos y a las familias que han formado y voy a gusto a sus casas en vacaciones, pero como la casa paterna no hay otra”. (más…)
Ya estoy en San Pedro Sula. De nuevo en mis tareas pastorales, con mis colaboradores más inmediatos en el obispado y con los fieles que tantas muestras de amor y de comunión de sentimientos han tenido conmigo y con nuestra familia por la muerte de nuestro padre. Tú eres testigo de esto pues has leído los correos y recibido muchas de las llamadas telefónicas.
Al terminar de leer la carta, quizá pienses que no debería habértela escrito, que no tengo por qué darte las gracias ya que has hecho lo que tenías que hacer (Lc. 17, 10). O quizá me comentes que lo que te digo era para quedarse entre nosotros, como una carta privada. (más…)