La esperanza es acogida y tarea, protesta y compromiso. El acto de esperar empieza reconociendo y asumiendo la situación de prueba, de dolor de injusticia en la que vivimos. La esperanza ni se crispa, ni se hunde, ni vuelve la vista ante la prueba sino que la acepta en todo su realismo. No es un simple optimismo ingenuo que afirma: “no pasa nada. No se preocupen. Todo se arreglará”. La aceptación lleva a la protesta. Así es pero no debería ser así. Nos duele el mal y el dolor, no nos resignamos, no pactamos con ellos. Más aún, afirmamos que esa situación no tiene la última palabra, no es un callejón sin salida. La esperanza no claudica ante unos hechos que se impondrían irremediablemente, sino que nos implica activamente en un proceso que da sentido a las pruebas y tribulaciones por las que pasamos y va realizando diligentemente una transformación de nosotros mismos y de la realidad, en la dirección de lo esperado. (más…)
¡Feliz Navidad!. ¡Para felicitaciones estamos!, dirá alguno, ¡con la crisis que ha explotado y las dolorosas consecuencias presentes y futuras!
No es que los tiempos del nacimiento de Jesús fueran mucho mejores que los nuestros para que los ángeles anduvieran revoloteando de contentos y gritando a los hombres: “les anunciamos una gran alegría”.
Entonces como ahora había gobiernos imperialistas y pueblos ocupados, guerras fratricidas e internacionales, ricos epulones y pobres lázaros, migrantes y desplazados, hambrientos y enfermos, corrupción y mentira.

La parroquia “Inmaculado Corazón de María” del “Sector Rivera Hernández” celebró la semana por la defensa de la vida, que tuvo como lema: “con justicia y paz defendemos la vida”. Impartieron charlas en las comunidades sobre estos temas, un foro sobre “la justicia” en el centro “Paso a paso”, una marcha y la celebración de la Eucaristía, el sacramento de la Vida Entregada, en la mañana del domingo.
Además de presidir esta Eucaristía quiero unirme a los habitantes del sector con esta oración: Queremos vivir, Señor. Hay en nosotros un profundo deseo de vida en plenitud ¿Quien ha puesto ese anhelo, esa sed de vida? Has sido Tú, Padre, Dios de la vida. Tú nos creado, nos has regalado el don de la vida, una vida frágil como el barro pero a la vez gloriosa como el soplo del Espíritu. !Gracias, Padre, por la vida, por la mía y la de mi familia, de mis amigos, compañeros de trabajo, vecinos, paisanos… ! (más…)
Domingo 25 de mayo, fiesta del “Cuerpo de Cristo” (Corpus Christi). La fiesta viene de antiguo. Se celebró por primera vez en la ciudad de Lieja en 1246. El Papa Urbano IV la extendió a toda la Iglesia y pronto se convirtió en una de las principales solemnidades del año litúrgico.
Acerquémonos al “Cuerpo de Cristo” para contemplarlo como lugar de paz y reconciliación, por medio de la Palabra de Dios, la poesía y la enseñanza de la Iglesia. (más…)
El lunes, 19 de mayo, después de un día intenso de trabajo, celebré la Eucaristía de las 6:15 pm en la catedral. La primera lectura bíblica me inspiró esta reflexión.
El apóstol Santiago distingue dos clases de sabiduría: una que es “terrena” y lleva a la discordia y otra que “procede de arriba” y conduce a la comunión. El criterio de discernimiento no lo coloca, en los conocimientos, en las brillantes ideas o excelentes consejos ni en la sagacidad para vencer los argumentos contrarios y ganar en el terreno de los litigios o negocios. El criterio que permite distinguir al sabio verdadero del falso es el comportamiento, la conducta. “¿Hay entre ustedes algún sabio y experimentado? Que lo demuestre con una buena conducta” (Santiago 3, 13).
En las comunidades destinatarias del escrito, había algunos que se consideraban “maestros”, se las daban de sabios y entendidos, sentenciaban a sus anchas y se consideraban líderes. Pero sus obras no eran coherentes con sus palabras. Su corazón estaba cargado de rivalidad, actuaban movidos por la ambición, sembraban discordias y falseaban la verdad (Cfr. Santiago 3, 15-16)
Quizá también hoy encontramos personas que se las dan de “maestros”, líderes, padres de la patria, pastores de los más diversos grupos, formadores de opinión pública. Pero en verdad no son “sabios” porque “su sabiduría o liderazgo” es engreída, interesada, ambiciosa, agresiva y partidista. Promover discordias, divisiones, ambiciones y violencias no es de sabios sino de necios.
“En cambio, la sabiduría de arriba es intachable, amante de la paz, tolerante, conciliadora, compasiva, fecunda en buenos frutos, imparcial y sincera. En resumen, los que procuran la paz van sembrando en paz el fruto que conduce a la salvación” (Santiago 3, 17-18).
Amar la paz, procurar la paz y la concordia, ser compasivo y buscar la conciliación, crear convivencia y comunión, buscar el bien de todos con una conducta intachable y sincera es de sabios, con la sabiduría que viene “de lo alto”.
Ser buenos con los demás, hacerles el bien, vivir en paz, en justicia, ser solidarios, es de inteligentes. Ser malo con los demás, hacerles daño, vivir en violencia e injusticia, ser agresivos y egoístas es de estúpidos.
“La culminación de la inteligencia, su éxito, está en dirigir bien la conducta” (José Antonio Marina, “La inteligencia fracasada”, anagrama, pag. 16).