
En mi particular agenda de noticias importantes de la semana que termina, tengo anotado la fiesta de Nuestra Señora de la Merced, 24 de septiembre.
La advocación de María de la Merced está asociada a la orden religiosa fundada por San Pedro Nolasco en Barcelona, el 10 de agosto de 1218. Pedro, con un grupo de compañeros comerciantes, deciden poner sus vidas y sus bienes al servicio de la liberación de los cristianos cautivos y prisioneros en poder de los musulmanes. Cuando falta dinero para comprar su libertad se ofrecen ellos mismos como rehenes.
Ante la nueva masacre ocurrida el sábado 3 de mayo en la que han muerto 18 privados de libertad (pesetas) que fueron trasladados desde San Pedro Sula a la Penitenciaria Nacional de Támara y que tiene relación directa con la masacre del penal sampedrano el sábado 26 de abril en la que perdieron su vida otros 9 privados de libertad, siento ganas de llorar y de gritar.
Estoy consternado, conmocionado e indignado por la dramática muerte de estas personas. Me uno al dolor de sus familias. Oro por los muertos para que sean acogidos por el Dios misericordioso que rompe nuestros esquemas de condena. Oro por los vivos, para que la fe y la esperanza fortalezcan su ánimo y consuelen su corazón lastimado y les brindo, con la pastoral penitenciaria, nuestro acompañamiento y ayuda solidaria.