En el calendario cristiano no hay día que no tenga santo, como para enseñarnos que el Espíritu de Dios es capaz de santificar la vida cotidiana de cualquier hombre o mujer. No hay día ni condición personal que no puedan ser iluminados por el sol de la Gloria de Dios.
Cuando celebramos a los santos cantamos las grandes obras de Dios, narramos la historia humana de su gracia, reconocemos el poder salvador de Jesucristo.
Entre la gloriosa asamblea de los Santos, San Pedro tiene un significado especial por su relación con Jesús, el Señor, y con la Iglesia. Pedro es el discípulo que confiesa a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Pedro es el Apóstol a quien Jesús califica como la piedra sobre la que edificará su Iglesia. Y tiene un atractivo particular para la diócesis sampedrana por ser su titular y patrono. (más…)
La Iglesia celebra un año más la fiesta del apóstol San Pedro. Y la iglesia particular de San Pedro Sula se regocija de manera especial por tener al Santo como titular y patrono. (más…)
Señor, tú que nos llenas de santa alegría en la celebración de la fiesta de San Pedro y San Pablo, haz que tu Iglesia se mantenga siempre fiel a las enseñanzas de aquellos que fueron fundamento de nuestra fe cristiana.
Hacemos memoria, Señor, de Simón, el pescado, y nos alegramos de escuchar, como Él, a Jesús que le proclama dichoso. Te damos gracias porque nos lo has regalado como Pedro y porque, como él, nos sabemos llamados no por nuestra carne y sangre, no por nada de lo que podamos presumir, no por nuestros méritos sino porque en Cristo Jesús hemos obtenido misericordia y, sólo en Él, escuchamos palabras de vida eterna. Con Pedro vivimos como extranjeros, aunque nuestra ciudad lleve su nombre, y aunque afligidos por tantas pruebas, nos sabemos renacidos para una esperanza viva.
Recordamos a Saúl, judío entre los judíos, Pablo entre los griegos, elegido desde el seno de su madre, llamado por tu pura bondad, a quien revelaste a tu Hijo y le hiciste su mensajero entre los paganos. Te damos gracias porque, como él, nos sabemos criaturas nuevas, llamados a vivir no para nosotros mismos sino para Él que ha muerto y resucitado por nosotros y porque reconocemos que todo es gracia. Con Pablo descubrimos la diversidad de tus dones y, aunque somos muchos, nos gozamos de ser un solo cuerpo , unidos a Cristo y miembros unos de otros.
Te rogamos por tu Iglesia para que no olvidemos que llevamos el tesoro recibido en vasijas de barro y sepamos gloriarnos sólo en ti; para que no nos anunciemos a nosotros mismos, queriendo señorear sobre los demás, sino que nos hagamos servidores de todos para cooperar en su alegría; que encontremos esa alegría más en dar que en recibir; que creciendo en nuestra fe en aquel que todavía no hemos visto nos alegremos con un gozo indescriptible y radiante. Que sepamos y comuniquemos que todo es nuestro: Pablo, Apolo, Pedro, el mundo, la vida, la muerte, lo presente y lo futuro; todo es nuestro. Pero nosotros somos de Cristo y Cristo es tuyo.
P. Fernando Ibáñez